Chile es un país de camarillas. No solo sus élites: el pituto, como explica la socióloga Emmanuelle Barozet, es una institución nacional. La meritocracia existe, pero en un ambiente que regularmente conspira contra ella. Cuesta que se impongan el mérito y la capacidad. Y, cuando lo logran, suelen jugar de visita. Hasta que encuentren camarilla y chiringuito, y así se adapten a la liga local.