Unas 410.000 personas, según el ministerio del Interior, se manifiestan en todo el país pese a que el Gobierno lo había prohibido en la mayoría de ciudades. Las protestas regresaron este sábado a Francia, donde confluyó de nuevo la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida.