En un taller del centro de Madrid, el artesano extremeño rescata un trabajo ancestral, aprendido de su familia. Javier Sánchez Medina había escuchado toda la vida en Badajoz, donde nació, que lo creativo era sólo un entretenimiento. Se preparó para opositar a bombero y consiguió plaza en Cádiz. Pero empezó a conocer gente que pintaba, que esculpía y que vivía de ello, y quiso probar suerte.