La pensadora estadounidense sostiene que aceptar la vulnerabilidad es una condición necesaria para llevar una vida plena.Su mirada se distancia del estoicismo y plantea que las emociones y aquello que no podemos controlar también forman parte de una buena vida. La idea de que cada persona puede controlar su destino sus emociones y la manera en la que enfrenta cualquier circunstancia suele aparecer como una fórmula para alcanzar el bienestar.