La localidad toledana, como muchas otras vecinas, se volcó en atender a los supervivientes y enfrenta su propio duelo tres días después del choque entre el Iryo y el AVE. Urda es un pueblo pequeño, de poco más de 2.500 habitantes. Nadie espera que una tragedia de esta magnitud ocurra junto a su casa, en sus campos, en una vía del tren que forma parte de la vida.