Los efectos van desde pérdidas para los productores y una menor oferta de alimentos hasta el encarecimiento de los productos, con posibles repercusiones sobre la inflación. La vulnerabilidad de Colombia parte de una condición estructural: cerca del 72% de la agricultura depende del agua de lluvia. A esto se suma que, según Corficolombiana, el 82% de las pérdidas y daños directos ocasionados por fenómenos climáticos de este tipo en América Latina recaen.